Si aceptamos que, en teoría, todas las personas tienen el mismo derecho a expresarse en internet, una pregunta inevitable es por qué solo unas pocas voces dominan la conversación pública. La respuesta no está en la falta de opiniones, sino en los algoritmos que pre-determinan que mensajes tendrán mayor visibilidad, y en estructuras que amplifican artificialmente ciertos mensajes y reducen la visibilidad de otros hasta silenciarlos.
Existe una relación entre la libertad de expresión y la oportunidad de tener visibilidad o alcance. En el ecosistema digital actual, la visibilidad es un recurso escaso. Plataformas y creadores compiten por atención en un entorno saturado. Los sistemas de recomendación premian aquello que genera reacciones rápidas e intensas. Así terminamos inundados de contenido tipo ragebait, diseñados para provocar enojo, indignación o confrontación.
Este fenómeno tiene consecuencias directas sobre la libertad de expresión. Formalmente, cualquiera puede publicar, pero en la práctica solo se escucha a quienes dominan las reglas de la amplificación. Los mensajes complejos, matizados o incómodos para la lógica del espectáculo quedan relegados frente a discursos simplificados, extremos o provocadores. No es que las otras voces no existan, es que el sistema no las considera rentables.
Aquí es donde podemos ver en acción influencers, algoritmos y masas. Lo que Renée DiResta llama en su libro los gobernadores invisibles de internet. Existen quienes monetizan el conflicto: cuentas, redes de desinformación y modelos de negocio basados en publicidad que dependen de mantener un estado constante de tensión. Para ellos, la conversación pública no es un espacio democrático, sino un mercado donde la ira se convierte en clics y los clics en ingresos. La libertad de expresión se instrumentaliza para maximizar alcance, no para enriquecer el debate.
El resultado es una distorsión profunda. Aunque el derecho a expresarse sea igual, el derecho a ser escuchado está mediado por incentivos económicos y técnicos que favorecen a unos pocos. Defender la libertad de expresión en internet hoy implica ir más allá de la ausencia de censura y preguntarnos qué tipo de conversación estamos amplificando y a quién beneficia realmente ese ruido constante que llamamos debate público.
Enlace al Diario de Centro América: https://dca.gob.gt/noticias-guatemala-diario-centro-america/libertad-de-expresion-en-internet-ii/
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